Balance de LA REGISTRADORA, Fundación Artemisia- Bucaramanga agosto-septiembre 2013

Realmente me siento satisfecha por la labor cumplida, la gestión, el compañerismo, el bienestar colectivo, la confianza depositada por la entidad patrocinadora para llevar a cabo esta muestra expositiva en Bucaramanga. Debo reconocer que desde la motivación inicial, la cual sucedió tras un intento de exclusión, al tratar de desvincular de una exposición colectiva a un profesor de artes por no tener producción artística, “no ser artista” según le increparon, y tras una serie de discusiones académicas en el Programa de Artes Plásticas de la Universidad del Atlántico al respecto de si se debía o no exponer los registros de obra de un taller de arte comunitario, indispensables para saber los procesos de creación de comunidades específicas, debo reconocer que hemos respondido con creces afirmando que LA REGISTRADORA parte de los supuestos filosóficos de la reproductibilidad técnica en el arte, y de la intencionalidad de registro COMO obra;  hasta la configuración de nuevas fotografías que daban cuenta de su interés por la imagen registrada.

portada

EL REGISTRO COMO OBRA ANTE EL REGISTRO DE OBRA
UNA CUESTIÓN DE MÉTODO Y DE LA HISTORICIDAD DESDE EL CARIBE COLOMBIANO.

Desde el arte moderno la copia y la repetición tuvieron un papel preponderante, especialmente obvio en la fotografía y más tarde con la cinematografía. Desde finales de los años sesenta, con el auge de los recursos gráficos en la prensa escrita, y la presencia cada vez más común del cine en la región Caribe, el registro de obra hizo su aparición en la escena artística. Justamente, a partir de la exposición “Espacios ambientales”, propuesta de Álvaro Barrios a Marta Traba, origen de la corriente conceptual en Colombia, el registro de obra quedó consignado gracias a un incidente provocado por la destrucción de dos obras, cuyo único testimonio quedó en la memoria.

En el arte posmoderno entra abiertamente y cobra sentido en las prácticas artísticas que interrogan sobre su método y sobre la manera como se estructura y organiza la obra. Pensar cómo se generan los significados en el arte es tratar de entender cómo operan los problemas visuales en la obra, éstos no pueden entenderse hoy en día desde un modelo historicista como favorecedor de la correlación entre el significado y el significante. El significado en este caso, se convierte en el resultado de un sistema de sustituciones, que pone en cuestión la noción de origen y autor. Según los estructuralistas, el significado es una función del sistema en un momento dado, más que el resultado de una historia o desarrollo específico. Pensar en la copia y la reproductibilidad del signo equivale entonces a cuestionar el modelo historicista que favorece la idea de organismo, en donde cada parte ocupa el lugar que le corresponde y tiene una función específica, por el de estructura, en la que una parte puede reemplazar a la otra, sin alterar su nombre. El nombre de una cosa no está ligado a la estabilidad de las partes, pues, a fuerza de combinar, yuxtaponer y sustituir, no queda nada del origen.

LA REGISTRADORA nace de la capacidad de reproducción de una imagen y/o de repetición de un objeto o suceso percibido como artístico, también de la apropiación crítica de obras de arte que establecen una alternativa dialógica diferente a la creada “originalmente”. Diferentes son las técnicas de reproducción del registro: la serialidad, la copia múltiple, el registro fotográfico o videográfico, la narración visual, el apropiacionismo. LA REGISTRADORA difunde como pensamiento artístico el registro como obra ante el registro de obra, lo que puede connotar una lectura fragmentada o secuencial de la propuesta artística en total sintonía con un estado de fluidez conceptual que somos capaces de percibir como espectadores/as. Los/as artistas invitados/as a esta exposición trabajan sobre tres aspectos fluctuantes: IDENTIDAD/MEMORIA/SUCESO, con un lugar común: el Caribe colombiano como escenificación visual-experiencial.

En “Escenario para Interpretaciones Cortas” (2004), la artista cartagenera residente en Västerås (Suecia) Lisette Urquijo, a manera de frames intervenidos, nos introduce en la vida nocturna de mujeres trabajadoras sexuales del Camellón de los Mártires de Cartagena, recreando con subtítulos y una señalética colorida aspectos dialógicos del intercambio de signos sexuales reinante en este lugar. Sucedáneamente en “Aceptación” (2012) Hellens Rentería plasma la realidad psicosomática de diez mujeres de diversas edades, todas vecinas del barrio barranquillero, La Playa. Hellens realiza improntas en látex sobre las modelos para luego confeccionar personificadas prendas íntimas en una clara apuesta por cuestionar el tallaje unicista de la industria de la moda. Otra instalación escultórica la encontramos en “Identidades Cercenadas” (2012) de Steefany González y Gustavo Carrillo, con una temática denunciante de las prácticas violentas realizadas por diversos estamentos de seguridad del Estado, paramilitarismo e insurgencia, quienes cercenan las falanges de los dedos de las víctimas. El olvido y la indiferencia están presentes en la instalación de 300 dedos de diversas personas, vaciados en cera virgen, los cuales se localizan en un rincón del lugar de exposición. Este contexto de violencia armada también es vivido por mujeres rurales colombianas, quienes intentan trascender sus vidas olvidando hechos sangrientos en sus labores domésticas, como es el del lavado de ropa en los ríos por donde también se arrojan cadáveres de este conflicto armado. Es lo que nos muestra Andrea Cotamo en el performance “Lavar la bandera colombiana” (2012). En el lugar de exposición, el performance se complementa con un registro fotográfico y participativo del público asistente, pues es a través de las nuevas miradas que se construye la memoria colectiva. “El Polizonte” (2004-2013), un personaje extraño, misterioso y anónimo se cuela en la sala de exposiciones, llega luego de haber visitado diferentes lugares y contextos. Lo conocemos por registros fotográficos en las redes sociales del ciberespacio. Nació de la oscuridad y el miedo evidenciado por la bolsa de poliuretano negro que envuelve su corporeidad. Le interesan lugares explícitos, aquellos que conllevan a la reflexión; según su artista creadora Mila Rodríguez es su alter-ego, un personaje que se gestó del trauma causado por amenazas a la libertad de expresión, ahora tiene vida propia, está en todas partes. En “La Rosa Perfecta” (2003-2010) la artista cartagenera Muriel Angulo delata aspectos obsesivos-compulsivos al plasmar un mismo símbolo miles de veces, la rosa es desdibujada una vez tras otra en un constante devenir catártico, tachando o desvirtuando las connotaciones idealistas del objeto feminizado; alude entonces al sufrimiento, a la marchitez, a la imposición de roles (el paso de niña a mujer, muy común en la cultura Caribe), a la constancia por borrar un pasado que siguió estando presente por siete largos años. En “Braile para Videntes” (2004) el artista barranquillero Juan Carlos Dávila plantea desde la secuencia y repetición de un gesto intimista una manera de revelar el deseo inconsciente del espectador al incitarlo a participar. En esta forma de participación el tacto se relaciona con la idea del creyente que necesita ver para creer, sólo que en este caso se invierte en la creencia a favor de la experiencia, en la que hay que tocar para sentir. En “La Cesta Mágica” (2012) Edgar Plata, artista nacido en Bucaramanga, residente en Cartagena, se remite en un video secuencial de prácticas del ver homoerótico, asociado a la cotidianidad del hogar y a la naturalidad de quitarse prendas de vestir antes de ir a la ducha. En “Borders” (2010), la artista cartagenera, residente en Toronto, Alexandra Gelis realiza una videoanimación con 3500 close-ups fotográficos en HD tomados a seis personas queer en su desnudez. La artista se centra en detalles como tatuajes, genitales, rasgos de género, cicatrices en un completo documento que reivindica las diversas apropiaciones de las identidades sexuales. En “Aleatoria” 2012 la artista cartagenera Alexa Cuesta retoma imágenes de su archivo fotográfico no profesional que resuelven visualmente un pensamiento oculto, cargado de reflexiones y situaciones contextuales propias de una personalidad curiosa, emotiva y crítica. La propuesta de Geraldine Barrera “La Chinita” (2013) evidencia el todo por la parte, objetos y fotografías al parecer inconexos de distintos momentos de la cotidianidad de familias residentes en el barrio la Chinita de Barranquilla se mezclan sin una narrativa visual totalizadora. Sin embargo se siente su palpitar en cada detalle, evocando instantes memorables de la colectividad en la autonomía de cada fragmento.

Alexa Cuesta Flórez

Danny González Cueto

Juan Carlos Dávila

G.I Feliza Bursztyn 2013

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Andrea Cotamo “lavar la bandera colombiana”

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Edgar Plata “La Cesta Mágica”

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Alexandra Gelis “Borders”

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Mila Rodríguez “El Polizonte”

LISETTE URQUIJO-como si no estuviera 2008

Lisette Urquijo “Como si no estuviera”

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Alexa Cuesta “Aleatoria”

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Juan Carlos Dávila “Braile para vidente”

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Muriel Angulo “La Rosa Perfecta”

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Geraldine Barrera “La Chinita”

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Hellens Rentería  “Aceptación”

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Stefanny González y Gustavo Carrillo “Identidades Cercenadas”

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Taller de arte y registro fotográfico con Gladys Robles.

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